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Este es un pequeño texto que se publica a tono con el tema de las tribus urbanas y su situación actual.
LA TRIBU HA MUERTO
El tiempo, implacable en su paso, en su andar absurdo e inconsciente, en ese juego interminable en el que la lógica de lo posible se impone, el tiempo, nos da de nuevo una lección. Preguntas sobran, respuestas también, razones, justificaciones absurdas de un universo simple y poco complejo que nos envuelve en esa carrera en la que al parecer, no hay posibilidad de crear. Solo quedan restos, ruinas, voces confusas que se pierden en un horizonte macabro y deprimente en el que no hay espacio para crear, para construir, para crecer en medio de tanta influencia.
La tribu ha muerto, ha muerto el no futuro, ha muerto el parche de esquina, el verso, han muerto los acordes rebeldes de unas guitarras, ha muerto la conciencia, la rebeldía, la acción misma del ser humano, ha muerto la juventud como expresión de pureza y de creatividad, han muerto los puños arriba, los pantalones rotos, las minifaldas, el amor, la paz, la revolución pacifica, el mensaje del profeta también ha muerto. La tribu, el parche, la identidad, la subcultura, el ghetto, han muerto, los han asesinado lenta y despiadadamente, los han convertido en pequeñas heces putrefactas al servicio de un sistema cuya única lógica es la del consumo.
Que nos perdone Cortazar, Mayo del 68, Woodstock. Que nos perdone The Clash, Bob Marley, Jhon Lennon, Morrison, Janis Joplin, Afrikan Bambata, … Ahora solo veo pasar un montón de personajes baratos de una comedia de lo absurdo. Que nos perdone la vida y su esencia creadora, que nos perdone Amarilla, Gary Gilmour, Lerner. Que nos perdone Javy, Jaime Garzón, Heriberto de la Calle, que nos perdone Rodrigo D, pues parece que si futuro. Que viva la música, dijo Andrés Caicedo, menos mal ya murió, hubiera sido deprimente que presenciara el espectáculo tan burdo que ante nuestros ojos se presenta.
Unos, perdidos en las drogas, mercancía putrefacta del siglo XXI, al parecer no entendieron el mensaje de Arango, maldita sea. Otros presumen de sus emociones, de la vida y su “sufrimiento”. Otros perdidos en el afán del consumo visten una moda y después otra. Patética forma de darle muerte a la forma más pura de resistir a los embates del destino. Ya no hay alternativa, solo el silencio cruel de quienes ignoran la historia y su dinámica compleja y a la vez enriquecedora. La tribu ha muerto señores, no hay caso, ha muerto el ímpetu revolucionario, la voz de lucha, la canción de la esperanza. El arte como única manifestación de la libertad del ser humano, esta decayendo y los jóvenes lo matan lentamente.
Solo sobrevive el ímpetu de algunos pocos (oi, oi oi), esos que en medio de tanta absurdez gritan y elevan al cielo, a algún cielo, una voz de aliento, una voz, que más que protesta es de propuesta. Quedan ellos, y unos pocos de los nuestros, unos pocos que añoramos aquella época lejana en que éramos cinco por cinco, ahora son cinco por mil (palabras sabias). Nosotros la retaguardia, o mejor la vieja nueva guardia, los que construimos un movimiento, los que creímos en una esperanza, los que soñamos con una tribu universal en la que solo el ser humano en su más pura esencia es libre, se crea y construye en una dinámica de amor y odio constante. Ahí esta la voz, mi voz, nuestra voz, esperamos que no nos silencien, que el sistema no acoja en su seno estas letras olvidadas por una historia que se niega en la actualidad a ver que más que una opción, somos la vida misma en su esencia, esperamos, espero, que el sistema no me arrolle en su carrera absurda contra lo imposible.
La tribu ha muerto, señores, ha muerto, descanse en paz…
jueves, 30 de octubre de 2008
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